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    miércoles, 10 de diciembre de 2025

    “Miles de familias campesinas al borde del colapso por falta de lluvias y ayuda

     


    Durante casi un mes entero, el cielo se negó a abrirse y la lluvia dejó de caer. Ese silencio prolongado desde las alturas se convirtió en una sentencia devastadora para miles de familias campesinas. En la campaña agrícola 2025‑2026, gran parte de los cultivos se perdió sin remedio, obligando a los agricultores a recurrir, una vez más, a los métodos ancestrales con humo, velas y guardias nocturnas para enfrentar las heladas que arrasaban la tierra.


    Mientras tanto, la amenaza de una granizada severa estuvo a punto de destruir lo poco que habían logrado salvar. Pero incluso quienes resistieron saben que el daño está hecho: grandes extensiones de producción quedaron completamente perdidas.


    A esta tragedia se suma la dura realidad del Seguro Agrario Catastrófico (SAC), que apenas cubre 1,000 soles por hectárea. Para los pequeños agricultores —aquellos que siembran menos de 50 metros, que cultivan para comer, no para vender— el apoyo estatal se reduce a una cifra casi insultante: entre 9 y 18 soles por agricultor. Un monto que no alcanza ni para dos kilos de semilla, mucho menos para recuperar la mano de obra perdida. Las familias de la agricultura familiar siguen siendo las más golpeadas y olvidadas del país.


    LAS ESPERANZAS VUELVEN

    Sin embargo, entre ayer y hoy, el campo se estremeció con un sonido que muchos creyeron perdido: el repiquetear de las primeras gotas. La lluvia volvió a caer, sorprendiendo a los agricultores que, con el corazón en la mano, miran al cielo esperando que esta vez sea el inicio de un cambio y no una falsa ilusión.


    Según el reciente aviso meteorológico del SENAMHI, hasta el jueves 11 de diciembre se prevén precipitaciones de ligera a moderada intensidad —lluvia, granizo, aguanieve y nieve— en la sierra centro y sur. Se advierte la caída de granizo sobre los 2800 m s. n. m. y nevadas por encima de los 3800 m s. n. m., acompañadas de descargas eléctricas y ráfagas de viento cercanas a los 45 km/h.


    Pero más allá del clima, lo que realmente pesa es la ausencia de políticas públicas, la falta de prevención y la escasa ayuda inmediata. Cada semana sin lluvia profundiza la pobreza rural; cada campo perdido significa una familia más al borde del colapso económico.


    A la fecha, no existe un pronunciamiento oficial del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego respecto a las heladas y granizadas que han golpeado regiones como Huánuco, Apurímac, Junín, Ayacucho, Áncash y Huancavelica. Un silencio que duele, un silencio que condena aún más a quienes sostienen con sus manos la seguridad alimentaria del país: los productores agrarios del Perú, hoy nuevamente sumidos en el olvido.


    Mientras tanto, en cada parcela, una súplica se repite mirando al cielo:
    “Que no deje de llover.”

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